Luna que todas las noches te alzas imponente en el firmamento, Luna a la que veo casi siempre desde mi ventana Salvo cuando las nubes nublan nuestras miradas.
Hoy me presento ante ti para solicitaros un favor, Dile a la luz del alba, a la mañana que se levanta, Que mis sueños se acercan, Que lo esperado es logrado Y que la paciencia me tiene prisionero en sus brazos.
Mientras te retiras, aquí me veras Acostado en mi cama y mirando hacia la ventana, Viendo a la estrella de la mañana, Esperando que con sus alas traiga a mi puerta El ángel con el que sueño, La hija de la luna que me acompaña en las madrugadas.
Mis suspiros se traducen en plegarias Y mi alcoba es el templo donde, En honor a ti, Cánticos entona mi alma.
¡Oh, Luna que vas y vienes! Que asistes siempre a nuestro encuentro nocturno. Espero que diligencies en tus ausencias diurnas La solicitud de esta alma taciturna.
Dile a la luz del alba, a la mañana que se levanta, Que mis sueños se acercan, Que lo esperado es logrado Y que la paciencia me tiene prisionero en sus brazos.
Aquí yo pacientemente espero sin desespero Y desespero esperando Poder tener a un ángel entre mis brazos.
Las olas van y vienen, el viento sopla suavemente y la luna brilla de manera tenue. Una joven de piel palidecida y un largo cabello plateado está sentada en la fría arena, cerca de la orilla de la playa, mientras deja que el agua tibia que va y viene humedezca sus pies y limpie sus impurezas. Su única compañía es la luna llena y la infinidad de estrellas que, reflejadas en la inmensidad del mar, dan la impresión de estar sentada en algún punto del cosmos.
-Debo decir que me ha causado profunda curiosidad tu actitud.
La blanca joven parece escuchar las palabras del nuevo huésped de aquel templo natural pero no desvía su mirada, que tiene fija en el horizonte, así como tampoco emite comentario alguno. Su nuevo acompañante, un joven alto de piel un poco más bronceada, se sienta a su lado en la fría arena y saca a relucir sus pies y a colocarlos en la orilla para recibir también el baño de aquella cálida agua. Su vestimenta era una larga túnica blanca, con extraños símbolos en los bordes de las mangas bordados en un color azul celeste. La chica solo la acobijaba una enorme frazada gris.
-Confieso que se me hace muy extraño encontrar a alguien con una mirada tan fija en el horizonte. Veras, por lo general veo que muchas personas van de un lado al otro sin detenerse realmente a mirar. Se alimentan sin saborear y viven sin disfrutar. A esto último quizás pudiéramos decir que hay quienes si “disfrutan” la vida, pero yo diría que su concepto del disfrute es bastante retorcido…
La chica sigue sin desviar la mirada aunque pareciera estar atenta a cada palabra, por mucho que la apariencia indica que de seguro se encuentra inmersa en un mundo propio. El muchacho tenía su mirada puesta en el rostro de la chica buscando algún contacto de miradas, pero decide no insistir y se pone también a mirar el horizonte. Después de todo, él entiende que aquí las palabras van a tener un mayor impacto que un cruce de miradas.
-Es por ello que me sorprendo contigo. Y mi sorpresa es más porque sé que llevas tiempo mirando el horizonte con esos ojos inquisidores, con esas pupilas filosas cual navajas que buscan cortar el tiempo para evitar el flujo de los acontecimientos pues llevas tiempo sin encontrar respuestas al diluvio de interrogantes que inundan tu alma. Sería de mi agrado daros respuesta, pero no las tengo. De hecho, yo también tengo mis interrogantes y he empezado a creer que la respuesta no viene de terceros sino de uno mismo; la vida es la única que tiene la suficiente capacidad de respuesta a todas y cada una de nuestras preguntas pero ese proceso solo se completa cuando tenemos la suficiente entereza de ver más allá.
El muchacho se detiene y con su mano derecha toma un puñado de arena que deja caer frente a él mientras va observando cómo los granos de arena son arrastrados por el viento, pasando por frente de la inamovible mirada de la chica y siguiendo de largo hasta perderse en la infinidad.
-Sin embargo, esto de ir más allá no es nada fácil de cómo pudiera pensarse. ¿Cómo hacer para ver más allá del sufrimiento y encontrar en él un sentido? ¿Cómo darle sentido a una pérdida? ¿Cómo pudiera sernos esto útil y en qué sentido? ¿Cómo desdoblar nuestra alma para entender la complejidad del flujo de los acontecimientos y entender que nuestra existencia se mueve en una infinidad de planos? ¿Cómo hablar de planos cuando la única constancia de mundo que tenemos es éste y que nos parece, en extremo aunque con sus excepciones, cruel y despiadado? ¿Cómo visualizar la frágil frontera entre nobleza y egoísmo? ¿Cómo entender que algunos tienen un camino de existencia que requiere de eventos distintos a los que humanamente nos pudiéramos imaginar? ¿Cómo despedir entendiendo que no es una despedida?
Las lágrimas humedecen la arena. La mirada de la joven sigue fija pero sus pupilas reflejan dolor y tristeza; sus mejillas parecen el cauce de dos delgados riachuelos pero, repentinamente, algo detiene el flujo de las lágrimas. El brazo izquierdo del joven se extiende y su mano limpia las lágrimas de aquella triste muchacha. Acto seguido el muchacho busca erguirse un poco y de su espalda brota y se extiende, aunque igual queda encorvada, un ala de indescriptible belleza que abraza a la muchacha. Aquel plumaje era muy distinto al que pudiera tener cualquier ave y solo al contacto pudiera uno encontrar algo de alivio.
-Y así las preguntas pudieran continuar hasta extenderse a la infinitud del cosmos. Pero ten la certeza de que por muy imposible que parezca, todas esas interrogantes tienen sus respuestas. Si, ciertamente yo tampoco he dado con las respuestas a mis preguntas pero sé que daré con ellas. Nuestra existencia va mucho más allá de lo que menudamente alcanzamos a comprender pero hay puntos en la vida de cada uno en la que se activan estos “dispositivos de búsqueda” y empieza toda una resignficación de la realidad, de la vida, del universo y también de la muerte…Es difícil no detener el flujo de pulsaciones oscuras que emergen en todo este proceso de búsqueda. Yo os diría que no los detengas, déjalos fluir como una expresión de las energías que convergen en una esencia; reconócelos y domínalos.
Dicho esto, el joven aleja su ala de la muchacha y se desborona en una nube de polvo que es arrastrada por el viento. A lo lejos, se oye de nuevo su voz retumbando en todo el templo natural…
-Ten presente siempre esto: todo tiene un sentido en este universo. Si alguna existencia no lo tuviera, créeme que no existiría. Y no me refiero a una existencia corpórea, sino también a la esencial; en otras palabras, si nada tuviera sentido, nada existiría y como nuestras esencias no pueden concebir la idea de la nada es porque todo, por muy difícil que parezca creerlo así, tiene un sentido. ¿Acaso pudieras imaginar una oscuridad perenne sin siquiera halos de luz? No lo creo…
Un halo de luz plateada que se cuela por la ventana ilumina débilmente mi cuarto. Un estruendo se oye y un relámpago lo matiza todo de azul. Me despierto sobresaltado y veo mi habitación envuelta en una densa niebla. Y en medio de aquel espesor te veo allí, parada frente a la cama con una mirada penetrante. No hay silencio, la lluvia que cae es el único ruido constante y me atrevo a decir que oigo un palpitar que de seguro es el de mi corazón alterado.
Pero tu no hablas y yo, de por si, no puedo. Sigues mirándome y yo, temeroso, también te miro. La niebla se hace más densa; no veo tus ojos pero siento tu mirada, no veo tu cuerpo pero siento tu presencia. Nunca pensé que saldrías afuera. Nunca pensé que sería teniendo de fondo esta escena y que tu apariencia sería tan tétrica. Desde hace tiempo te busco en cada rincón y no daba contigo, desde hace tiempo deseaba verte pasar por el firmamento y solo veía estrellas; deje de buscarte y ahora no entiendo por qué has decidido mostrarte.
Repentinamente voy sintiendo unas frágiles caricias. Me pregunto qué puede ser, porque sé que tú no tienes manos. Al bajar mi mirada me sorprendo al contemplar que “nada” me toca, pero sigo sintiendo la caricia; una mano se postra ahora en mi cabeza y otro relámpago da una nueva pincelada de azul a mi cuarto. Por un momento creí oírte hablar pero luego recapacite y me di cuenta que era otro trueno.
De repente ya no te veo, la niebla también se ha disipado. Lo único que me queda es esta extraña caricia y la sensación de esta incertidumbre que falsamente creí haber abandonado pero que ahora sé que sigue allí latente. Ahora entiendo que solo eras la materialización de la respuesta a una pregunta muy recurrente en mí. Y la razón de no poder apreciarte con claridad es porque aun no estas formulada completamente. Sin embargo, este susto que me has dejado me demuestra que este tipo de respuesta no se busca, que tu cuerpo irá cobrando forma por sí solo. Nada gano con desafiar lo que no comprendo.
Si, ciertamente, aún me pregunto ¿por qué? Pero sé que aún falta mucho tiempo para dar con la respuesta. Aún falta mucho para nuestro nuevo encuentro, nuestro último encuentro, donde podre apreciarte con claridad, donde podre comprenderlo todo y donde podre ver los resultados de tu presencia en mí. No habrán truenos, ni relámpagos, tampoco caricias. Solo tú desnuda ante mí y yo, sereno, contemplándote.
Hasta nuestro próximo encuentro entonces. Seguiré con este sueño que llamamos realidad.
Una visión rápida a esta pregunta pudiera derivar en otra: ¿acaso no son lo mismo? Cada quien está en su libre criterio de creerlo así; no obstante, yo considero todo lo contrario y lo presentado aquí tiene como fin exponer algunas ideas al respecto. Otra visión, más acertada, situaría a los dos términos en la categoría de importantes. En efecto, lo son.
Su importancia reside en que ambos términos reflejan una necesidad en todos y cada uno de nosotros: la búsqueda de un equilibrio interno. Esto me hace confesar aquí una faceta pasada de mi pensamiento. Anteriormente consideraba a las personas profundamente religiosas como seres atrofiados de mente pero, con el tiempo y algunas experiencias vividas, he dejado atrás esa impropia concepción y me he percatado de que la critica no debe girar en torno a la debilidad de la mente de los creyentes pues lo mismo pudiera decirse de quienes abanderamos la espiritualidad ¿o no? Después de todo, ambos buscamos ese equilibrio interno pero desde distintos “métodos”.
La crítica debe ser entonces contra la estructura llamada Religión. Al respecto tengo una serie de consideraciones que tocare en otro momento. Por ahora me interesa contrastar aquí los dos términos y ya con el tiempo ir realizando análisis más agudos de cada uno. Pero, regresando a mi confesión, lo que si logre extraer de aquella impropia calificación –y que además desarrollé- fueron una serie de tipos de sujetos en base a estos términos. Me atrevo a ir entonces un poco más allá y a considerar que existen tres tipos “puros” de sujetos: el profundamente religioso, el profundamente espiritual y el profundamente ateo.
Debe entenderse aquí que el calificativo de “profundo” no es más que un sinónimo de radical. Aquí tiene que ver mucho la estructura rígida de los términos –su dogmatismo- y surge entonces de nuevo el debate sobre la “debilidad mental”. Los dogmas y su influencia fanática pretenden entonces ser los agentes explicativos del sentido de cada una de las acciones humanas, sirviendo como un cerco que no nos permite caminar más allá del mismo. Dentro de este acuartelamiento la desobediencia es fútil, por no decir que no lo hay. Y al dejar esta “vía de escape” o fuga a la estructura doctrinaria, se derivan de los tres tipos de sujetos mencionados anteriormente tres tipos más.
Del primer tipo de sujeto se emana el religioso “light”, del segundo el espiritual “light” y del tercero el creyente de emergencia (sobre este hablaré con más detalle en otro momento). Aunque no estoy muy seguro de que podamos hablar de dogmas en el caso de quien es profundamente ateo, pienso que en él operan igualmente categorías muy rígidas que buscan impedir su anexión a alguno de estos “métodos”. Estos “subtipos”, ya no tan “puros”, nos revelan una actitud humana ante los radicalismos que buscan jalarnos hacia uno de los extremos de la cuerda –que aquí llamaremos creencias-. Esta actitud, rebelde, es la que llamaremos “conducta light” y no es sorpresa entonces que encontremos a alguno que otro que confiese, de manera muy jocosa, que es un católico “light”, por poner un ejemplo.
Pero antes de proseguir con esta conducta ligera, quiero traer a colación algo que espero haya causado ruido tal como lo causo en mí. Los tipos “puros” que ya mencione emergen de las estructuras rígidas de ambos términos aquí expuestos. Si, esto quiere decir que la espiritualidad también tiene su estructura rígida, erigida no sólo por la búsqueda de un equilibrio interno sino por alcanzar –y he aquí la idea radical- la pureza del alma. De esto deviene toda una serie de conducciones profundamente ascéticas y aislantes que tienen como fin lo que ya mencionamos. Ascéticas porque los placeres mundanos ensucian el alma, y aislantes porque solo en la soledad podremos contactarnos y hallar nuestro equilibrio.
Sin embargo, esta rigidez de la estructura espiritualidad por el fin que busca tiene en si misma la causa originaria que anula la rigidez en pos del equilibrio. La religión en este aspecto es un poco más inflexible pues todo cambio fuera de la religión contara con la aprobación de ésta solo si se ajusta a sus parámetros. Aquí podemos apreciar que la religión es menos susceptible de adaptarse a los nuevos tiempos mientras que la espiritualidad si permite una readaptación constante (siempre y cuando no nos dejemos llevar por estas ideas de pureza existencial).
La conducta light es un desafío directo a la estructura religión, revela el detrimento de su influencia –que prefiero llamar dominación- sobre todos los ámbitos de la vida del ser humano. No solo vemos migraciones de una religión a otra sino también cuestionamientos internos. El ser humano se va alejando del dogmatismo y empieza a ser más relajado en cuanto al seguimiento de su fe religiosa. No obstante, aquí hay una diferencia con la espiritualidad: si bien esta conducta light permite una flexibilización de la conducta del humano religioso –dándole nuevos sentidos a sus acciones-, también es cierto que en él queda un residual que solo se activa cuando una idea diametralmente diferente amenaza con pulverizar la semilla sembrada por la religión, esto es, la fe ciega hacia una sola explicación de mundo.
La espiritualidad, por su parte, nos permite contemplar distintas visiones, hacer nuestras propias interpretaciones. Si, es una ética más individual pero en el sentido en el que la concibo busca revitalizar a la humanidad haciéndola menos inhumana. La interpretación de la divinidad no nos hace ateos y mucho menos herejes: no nos hace ateos porque creemos en una entidad originaria superior (espiritualidad monoteísta) o en un conjunto de entidades (espiritualidad politeísta); y no nos hace herejes porque para nosotros no hay herejía, este calificativo peyorativo surge de compararnos con una fe religiosa en particular.
Quien se pliega a la espiritualidad va haciendo su propio camino. Busca no condenar las acciones de los demás en términos de bueno o malo, sino trata de entender y comprender el por qué de las acciones, buscando de esta forma no solo la manera de ayudar a los demás –de ser posible- sino también ver como las experiencias tanto propias como ajenas pueden ir equilibrando nuestro espíritu. La religión tiene ya unos parámetros trazados, fuera de ellos el creyente se torna pecador y corre el riesgo de la condenación eterna. En la espiritualidad no hay condenación eterna, solo las consecuencias de nuestros actos o, dicho de otra manera, somos nosotros mismos quienes nos “condenamos”.
En la religión la comunicación con lo divino es a través de intermediarios o de fórmulas litúrgicas. En la espiritualidad si bien queda como opcional la puesta de procedimientos mágico-religiosos, la comunicación con lo divino es más directa e íntima. No necesitamos sacerdotes o Iglesias, para nosotros Dios –o los dioses- se hayan en cualquier parte: la naturaleza es el único templo sagrado.
Los eventos inesperados muestran en ambos términos una suerte de coincidencia. Tanto en uno como en otro son sucesos inevitables, aunque en la religión existe más la propensión a quererlo ver como un “castigo” mientras que en la espiritualidad es más propenso buscar de interpretar el sentido de la acción divina, por muy imposible que esto parezca. La frágil coincidencia es que ha sido un evento que “se ha querido así” y solo la razón divina conoce el por qué.
Una dualidad que no comparte la espiritualidad con la religión, y esto asomándonos un poco en lo supra terrenal, es el binomio cielo/infierno. La religión juzga, después de nuestra muerte física, nuestras acciones y en base al veredicto iremos a un lado o a otro. La espiritualidad desmonta este tribunal divino y da autonomía a las almas. La muerte física no significa el fin del alma: se traspasa a un plano superior (o a una serie de planos superiores) donde somos nosotros mismos quienes nos revisamos –sin condenarnos ni juzgarnos- buscando fortalecer nuestro equilibrio espiritual. Sobre esto también hablare en otro momento.
Lo cierto es que, percibo, estamos en una inversión del ciclo conductual humano: estamos en sociedades altamente secularizadas donde el desencantamiento ya esta tocando sus límites y el re-encantamiento surge imponente buscando salvar el equilibrio interno de cada uno de nosotros. En esta etapa la disputa entre religión y espiritualidad la va ganando la segunda por ser más flexible y comprender mejor los nuevos tiempos. Mientras la religión siga inflexible, su estructura se hará cada vez más anacrónica. Y esto por no tomar en cuenta las atrocidades que se han hecho “en nombre de Dios”.
Ciertamente, ambos términos son importantes. Eso no lo cuestiono. Pero, en lo personal, creo que la estructura espiritualidad me permite conseguir un equilibrio interno –sin dominaciones- a diferencia de la estructura religiosa. Aquí el término dominación no debe ser visto como una mofa blasfema desde la espiritualidad –“somos marionetas de Dios”- sino como la comprensión de que en el seno de la estructura religiosa hay pulsiones oscuras que se revelan en esta manía de las religiones por expandirse no solo en todas las naciones sino en todas las demás esferas de la vida humana.
Esta nueva etapa del ciclo conductual humano apuesta por una humanización de los seres humanos. El gran paso para ello es comprendernos y no condenarnos; escuchándonos y no cegándonos; siendo cambiantes y no estáticos.
Cuando pienso esto no puedo evitar reírme de mi mismo, no en un sentido burlesco-peyorativo sino que me causa gracia la cualidad mía que estoy a punto de revelar. Sí, he de admitirlo con todas sus letras, soy una persona sumamente intensa en lo que a emotividad se refiere y creo que eso se traslada a los demás ámbitos de mi vida: persecución y logro de metas, objetivos a futuro, viviendo el presente dentro de una especie de sana sabiduría que arrope momentos de sana locura, entre otras cosas. Si tomamos como cierto eso que dicen que las emociones son el motor del alma, entonces mi alma posee un motor conbastantes caballos de fuerza (jajaja).
Sin embargo, mi emotividad me hace danzar del paraíso de la alegría al abismo de la depresión. Recuerdo a una persona muy especial a quien está frase sorprendió mucho porque “con pocas palabras describes emociones muy fuertes”. Claro, este recuerdo está un tanto parafraseado pero creo que más o menos la memoria va así. Con el tiempo he aprendido a suavizar esa intensidad sin anularla en su pureza: es decir, no dejo de ser intenso, solo he aprendido a llevarlo mejor porque los extremos no son sanos.
¿Sería esto una re-definición de lo que es la intensidad? Si, así lo veo. No se trata de un vivir entre extremos sino de vivir las cosas a plenitud, es decir, viendo en cada acontecimiento una fruta (la experiencia) a la cual debemos exprimir toda su pulpa (el recuerdo de la vivencia) para hacer con ella un jugo (el aprendizaje adquirido) y tomarlo para saciar nuestra alma (internalización de las vivencias).
Hoy me entraron ganas de hablar de la esperanza, del amor, de la trascendencia del alma. Hoy me provocó hablar en varios colores y dejar las tonalidades grisáceas para el análisis crítico de las realidades. Hoy quiero cegarme con la luz y inhalar bastante oxigeno. Hoy quiero llenar mis pulmones con nuevos sueños. Hoy quiero dibujar los planos de nuevos proyectos. Hoy me provoco hablar de cosas alegres.
Y es que luego de estar en un estado depresivo, por varias cosas que he vivido, voy comprendiendo que a pesar de que no entendemos en un primer momento las razones o los sentidos que tienen los acontecimientos a nuestro alrededor,nada aquí es azaroso. Voy comprendiendo que el tiempo es nuestro mejor amigo y la paciencia es nuestra mejor arma. Voy comprendiendo que la perseverancia es el mejor método y que la sabiduría es el mayor tesoro. Voy comprendiendo que las lágrimas (sinceras) son la manifestación de la pureza del alma, que el enorme silencio y la gran distancia no implican abandono. Voy comprendiendo que el apoyo está en los buenos deseos y en las bendiciones emanadas; que nuestras oraciones son radiaciones espirituales que se trasladan en ondas cósmicas; que si bien las relaciones hoy día son fugaces no por esto son falsas.
Sí, he de confesarme también como un curioso del mundo. Y como ser curioso, en mi vive desatada una manía epistemológica por querer comprender todo lo que esté a mi alcance. He de cambiar el sentido de una frase de un célebre juego de rol (Valkyrie Profile) en la que un nigromante a través de un rito solicita la apertura del Nifleheim (infierno en la mitología nórdica). Yo solicito la apertura de todas las dimensiones habidas y por haber no sólo aquí sino allá también, porque hay muchas almas deseosas de saber. El universo lo comprende todo, el alma cósmica está en todos.
Hoy siento con más fuerza que en el pasado la amistad como el más fuerte de los pilares de apoyo, la familia como el mejor seno donde recibir cobijo. La ilusión como el suspiro revitalizador, la decepción como el golpe terapéutico; el amor como la fuente del proceso de humanización, el odio como revelador de las impurezas del alma; la alegría como el brillo de un espíritu y la tristeza como la opacidad del mismo. El orden como un sistema que si bien “regula” en algunos sentidos, en otros constriñe fuertemente; el caos como el batacazo siempre necesario para hacer tambalear las estructuras y ajustarlas a los nuevos tiempos, a las demandas sociales y al proceso de humanización.
Hoy veo con más claridad como estas refracciones componen nuestras almas. Hoy voy acercándome un milímetro más a la comprensión de la plenitud de mi existencia y, con ello, asimismo, voy comprendiendo milimétricamente al universo.
Hoy me deleito con la simplicidad de la vida y me maravillo con su complejidad. Hoy disfruto de un whiskey con los amigos mientras hablamos sobre el pasar del tiempo. Hoy me paro frente al espejo y me veo ya con veinte años mientras me remonto a mis primeros recuerdos. Hoy reviso las gavetas de mi cuarto y entre detalles y cartas de otros momentos, agradezco las cosas que he vivido.
Creo que hoy he descubierto que mi mejor método para meditar es la escritura. Me siento a analizar y a dejar que la energía cósmica fluya en mi interior; voy agradeciendo las experiencias que producen en mi las variopintas ideas que en otros escritos plasmo y apertura mis manos y mi alma para recibir nuevas ideas, nuevas concepciones, nuevas experiencias. Así que hoy me siento, tomo mi regalo más preciado: aquel Mala que me regalaron hace tantísimo tiempo, y medito sobre lo que he vivido y simplemente lo escribo.
Y si mi método de meditación se ve como algo público lo quiero así porque todo conocimiento es poder, y como el conocimiento se construye colectivamente, el poder debe ser de todos. La espiritualidad ha de ser propagada en cada uno de nosotros y esto solo es posible compartiendo nuestros criterios, relacionando nuestras vivencias, aconsejándonos, escuchándonos, comprendiéndonos…y, por sobre todo, humanizándonos.
Hoy perdono vuestras ofensas porque de ellas he aprendido. Hoy recuerdo con alegría las llamas que en varios momentos me han consumido porque de esas cenizas emerjo cada vez con mayor fortaleza. La mayor necesidad es la paz tanto en nuestra mente, como en nuestro cuerpo y en nuestra alma.
Destrucción total: el orgullo dañino. Intuición: la guía olvidada. Solo quedan ruinas de aquel majestuoso y grisáceo hall; un silencio abrumador y perturbador, y la estela de polvo cósmico que sigue pululando en el aire. El Gran Cristal sigue allí, imponente, pero sus grietas milímetro a milímetro se van expandiendo más. ¿Se podrá contemplar algún día el quiebre total de aquella prisión? ¿Será eso posible?
Una tríada bastante extraña nos ha traído hasta este punto: Una libertad aparente, una racionalidad desencantadora y una sensibilidad esperanzadora. Estas dos últimas, tan incompatibles entre sí parecen haber causado las grietas de esta prisión. ¿Cómo? La primera viene causando la secularización, cada vez más acelerada de nuestra existencia, desmagificando todo a nuestro alrededor, quitándole el sentido a las cosas; la segunda, por su parte, actúa a modo de alarma disparada: tal ha sido el grado de alejamiento con la espiritualidad, que esta sensibilidad aparentemente inherente a todos reacciona haciendo germinar en nosotros la semilla esperanzadora, pone en nuestras mentes la visión del amanecer de una nueva era.
Se oye un susurro. El Gran Cristal empieza a brillar intermitentemente y de pronto su luz torna al cristal transparente y puede verse dentro de él aquella criatura de rostro andrógeno y diez alas. Sus labios parecen moverse y su voz retumba por todo el salón desolado.
“Permítanme tomar la pluma final de esta historia, una historia sobre la cual no sabría decir si su final es un fin como tal o la apertura a la construcción de una nueva historia, a la redacción de una nueva era que no posea un desenlace tan lastimero como éste.
La racionalidad secularizadora y la sensibilidad esperanzadora, aunque antagónicas, son dos ramas del mismo árbol. Es la libertad aparente lo que las une… Pero detenerme en este punto sería iniciar un tratado sobre la libertad y eso nos alejaría de la interpelación que se me ha hecho: ¿Quién soy? O cabría mejor decir ¿Qué soy?”
El hall en ruinas desaparece y ahora el enorme cristal flota en medio del cosmos recién materializado.
“Esto ha sido un viaje bastante extraño. ¿No habéis sentido identificación alguna en todo el recorrido? Reconozco que los pasajes han sido tristes pero para alcanzar la iluminación no puede fantasearse sobre la luz sino hacer consciente la oscuridad. Espero que esta suerte de introducción a la penumbra humana haya despertado algún halo de luz esperanzadora en vuestros corazones.
Aquí me ven, y de aquí no he salido. Mi apariencia no es más que el fruto de la imaginación de mi visualizador. No puedo decir creador porque lo que soy, o lo que represento, no ha sido obra de él. La otra cosa curiosa aquí es que, como os dije, no he salido de esta jaula, por llamarlo de alguna manera, pero pudo darse una conexión entre nosotros…o por lo menos eso espero.
Horizontes perdidos… ¿no experimentáis esa sensación cuando os detenéis a pensar la historia humana? Pudiera decirse que hay metas sociales claras. Pero estas extrañas metas sociales han ido destrozando la finalidad espiritual de cada alma. Además no pretendo hacer aquí una apología a la religión pues mi visualizador no aprecia la religiosidad, su pensamiento gira más hacia la idea de espiritualidad y a la necesidad de contactarnos con nuestro interior para poder apreciar mejor el mundo, desde una perspectiva más humana. Cosa que, aunque pueda parecer increíble, no tenemos.
Reconozco también que este extraño viaje fue fugaz. Pero espero hayáis podido apreciar como en este recorrido hemos olvidado muchas almas, muchas enseñanzas; hemos aniquilado unas quimeras para darle vida a otras; nos hemos contaminado con conductas y comportamientos extraños pero siento que hemos llegado al punto, a esa visión gótica, que no es más que la revelación de una era de transición en la que estamos y que desencadenara, inevitablemente, en un nuevo mundo, posible, si, pero incierto.
Todos soñáis con cambiar el mundo, pero debéis empezar a cambiar tu primero. Sólo así estas anacrónicas y virales estructuras podrán demolerse para abrir paso a algo diferente que, con suerte, quizás sea mejor que lo anterior.
Espero que quienes hayáis realizado este recorrido hayan podido encontrar claves para la superación de esta etapa estancada de la humanidad… ¿Hace falta que diga, pues, qué soy, qué represento?
Soy lo que hace humano a la humanidad. Esa alma cósmica que está encerrada, tristemente, en cada uno de vosotros en vez de andar flotando libre por el universo…
Pero las grietas de esta jaula mía revelan que ya hay algo de humanidad en los humanos. Esperemos, construyendo todos, que esta prisión sea un día abolida por completo…”
(Los fragmentos en latín son tomados de un poema titulado Dies Irae “Día de la Ira”)
Junto con la entidad, varios cuerpos cruzan el portal. Pero habiendo dado el primer paso, éstas almas empiezan a brillar, comienzan a cristalizarse y los pequeños fragmentos son arrastrados hacia otro lugar. La entidad decide seguir la estela que dejan aquellos fragmentos para averiguar donde se han unido todos aquellos trazos de existencia.
Un enorme arco gótico es la entrada a un espacioso hall. La estela continúa hasta más allá de la arcada; el gran hall, todo grisáceo, tiene en su centro un enorme cristal que crece y crece cada vez más con cada fragmento de existencia que se plega a su seno. “Al final no somos más que sentimientos de un alma cósmica, un alma que está en todos nosotros, un alma que reconocemos como esa voz interna que siempre nos habla pero que nunca se escucha.”
Y los fragmentos siguen robusteciendo El Gran Cristal. “Amor, Odio, Alegría, Tristeza, Bondad, Maldad, todas éstas son refracciones de una misma fuente. Pero seguimos empeñados en negar nuestros fragmentos.”
“Aquí es donde descansa el alma de la humanidad, lo que la hace humana; pero ocultándonos en mascaras vemos morir miles y miles de soles. Y con su deceso, venimos aquí a llorar clamando por conocer el lugar donde descansa nuestra Alma Mater para poder estar con ella. ¿Pero tendrán algún sentido estas lágrimas? ¿No será algo tarde? ¿Merece ella nuestros sollozos cuando su amor nunca fue perpetuado?A duras penas nos comunicamos entre nosotros, ¿cómo íbamos a esperar comunicarnos con nuestro interior?”
Una lágrima recorre un rostro, cuyas mejillas son acariciadas con compasión. Las lágrimas caen y al entrar en contacto con el suelo un fuerte sismo se desata resquebrajando todo el hall. El grisáceo salón ahora esta cubierto por enormes nubes oscuras. “Dies irae, dies illa, solvet saeculum in favilla. [Día de la ira, aquel día en que los siglos se reduzcan a cenizas]”.
La entidad cae de rodillas al suelo ytruenos rompen abruptamente el silencio sepulcral. Empieza a llover en el salón y los rayos caen sin misericordia destrozando el hall. Las centellas parecen fotografiar momento a momento la destrucción de aquel templo mientras la entidad sigue tendida en el suelo sollozando ante el fin de los tiempos. Los rayos caen ahora sobre los fragmentos cristalizados, rompiéndolos y reduciéndolos a una idea que la mente humana no puede concebir: ¡reduciéndolos a nada! Existencias ahora inexistentes, cuerpos ahora sin fuente.
La entidad se levanta encorvada, de su espalda salen diez alas. Un ojo negro, otro blanco y una estrella dibujada en la frente. De rostro andrógeno y con espadas de adamantina como brazos. “cum salvando salvas gratis, salva me, fons pietatis. [Tu que salvas gratuitamente a los que hay que salvar, sálvame, fuente de piedad.]”
Y los rayos caen cada vez con menos piedad mientras la entidad se acerca rauda y veloz al cristal. El salón se viene abajo y la entidad debe danzar ante el réquiem de la destrucción. Ejecutando un gran salto, la entidad apunta sus filosas extremidades hacia el cristal y realiza en él un corte en forma de cruz. “Las lágrimas de los santos en sangre fueron pintadas y los discursos de los cobardes se convirtieron en nada, mutilando los ojos que una vez pertenecieron a Dios. Y con ello pareciera que nuestra dignidad se ha deshecho pero el sol siempre surgirá con ojos limpiadores…siempre”
Una enorme luz cegadora emana del agrietado cristal y acto seguido la tormenta se detiene. El Gran Cristal sigue en pie, imponente. Pero ahora de las cicatrices dejadas por aquella entidad que desapareció con la luz emanan estelas de un polvo cósmico, una lluvia estelar que revela una fuga en la prisión donde estaba encerrado lo humano de la humanidad…